Hace apenas un par de años, las empresas aún estaban tratando de entender qué hacer con la inteligencia artificial. Hoy, la conversación es completamente distinta. Ya no se trata solo de usar ChatGPT, automatizar respuestas o generar reportes más rápido. El verdadero cambio está ocurriendo ahora: las compañías comenzaron a pasar de una IA que ayuda a una IA que actúa. Y eso cambia las reglas del juego.
La llamada “nueva era agéntica”, impulsada precisamente por agentes de IA, está empezando a transformar la manera en que operan las organizaciones. Ya no hablamos únicamente de herramientas que responden preguntas, sino de sistemas capaces de ejecutar tareas, tomar decisiones, coordinar procesos y anticiparse a problemas sin necesidad de intervención constante de una persona.
Para cualquier CEO, CTO, CIO o líder de negocio, esto tiene un impacto enorme. La conversación dejó de ser tecnológica. Ahora es operacional, estratégica y profundamente ligada a la competitividad de las compañías.
Compañías tecnológicas de la región ya están moviendo sus fichas hacia este nuevo modelo. Defontana, por ejemplo, recientemente anunció su apuesta por la empresa agéntica como parte de su estrategia de crecimiento, impulsando módulos inteligentes y nuevas capacidades dentro de su oferta ERP.
La IA tradicional ayuda; la IA agéntica actúa
Ese cambio tiene el potencial de transformar completamente la lógica operacional de las empresas. Ya no se habla únicamente de sistemas que responden preguntas o generan reportes. Ahora hablamos de plataformas capaces de detectar anomalías, ejecutar procesos, coordinar tareas, predecir escenarios y resolver problemas prácticamente en tiempo real.
Y aunque muchas organizaciones en Latinoamérica todavía enfrentan desafíos importantes de madurez digital, la región parece estar avanzando más rápido de lo que muchos imaginan. Eduardo López, presidente de Google Cloud para Latinoamérica, asegura que América Latina “está demostrando una agilidad sorprendente” frente a la adopción de IA. Incluso, según datos compartidos por la compañía, el impacto económico de estas tecnologías podría representar hasta un 3,7% del PIB en mercados como Colombia.
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El punto más interesante es que la IA agéntica también podría ayudar a reducir brechas tecnológicas dentro de la región. Según López, este nuevo modelo permite que compañías con distintos niveles de madurez digital puedan acceder a capacidades avanzadas sin necesidad de grandes infraestructuras físicas o procesos complejos de implementación.
Porque el debate ya no es tecnológico. Es estratégico
Según McKinsey & Company, las organizaciones que integren IA avanzada en sus operaciones podrían aumentar significativamente sus niveles de productividad, acelerar la toma de decisiones y reducir fricciones operativas en áreas críticas. A esto se suma un dato clave de Gartner: para 2028, al menos el 33% de las aplicaciones empresariales incluirán IA agéntica, permitiendo que hasta el 15% de las decisiones laborales diarias sean tomadas de forma autónoma. Sin embargo, uno de los mayores temores sigue siendo el mismo: el posible reemplazo de las personas.
De acuerdo con la visión de Google Cloud, es necesario que esta idea sea ya erradicada: “las empresas no están construyendo proyectos para reducir personas, sino para aumentar productividad. De hecho, la relación entre humanos y tecnología está evolucionando hacia lo que se denomina un ‘Agentic Taskforc’, donde la IA deja de ser un software que espera órdenes para convertirse en un colaborador capaz de percibir, razonar y actuar”, destaca López, recalcando que la IA no elimina el criterio humano. Lo eleva.
La lógica es clara: mientras los agentes inteligentes asumen tareas repetitivas y operativas, las personas pueden concentrarse en estrategia, creatividad, liderazgo y toma de decisiones. Casos como el de Wolkvox ya muestran cómo agentes de IA son capaces de resolver hasta el 80% de las consultas básicas, permitiendo que los equipos humanos se enfoquen en interacciones de mayor valor.
Pero este nuevo escenario también obliga a las compañías a replantear algo mucho más profundo: cómo gestionar la IA dentro de la organización.
López plantea que los agentes de IA deberán administrarse con una relevancia estratégica similar a la del talento humano, bajo principios claros de gobernanza, ética y seguridad. Y probablemente ahí esté uno de los mayores desafíos para los CEOs en esta nueva etapa.
Porque la IA, los datos y la ciberseguridad ya no pueden verse como áreas separadas. Hoy funcionan como parte de un mismo sistema operativo empresarial. El líder que siga entendiendo estos temas como silos independientes probablemente llegará tarde a la siguiente etapa de competitividad.
Por eso, más que preguntarse cómo funciona técnicamente la IA, los líderes deberían comenzar a preguntarse algo mucho más importante: para qué la quieren usar dentro del negocio y qué problema estratégico necesitan resolver.
La IA agéntica no es solamente una nueva tecnología, es una nueva forma de operar empresas. Mientras muchas organizaciones todavía están tratando de entender el impacto de la inteligencia artificial tradicional, otras ya comenzaron a construir modelos donde humanos y agentes inteligentes trabajan juntos como parte del mismo equipo.
Ahí probablemente se definirá la próxima gran brecha competitiva de la región.





