
Sridhar Iyengar, director general de Zoho Europa. Foto: cortesía. Portal ERP España.
En los últimos años, las nuevas formas de trabajo han acelerado la adopción digital en las organizaciones. En España, este cambio ya está ampliamente consolidado: el 96% de las grandes empresas combinan modelos de trabajo presencial y remoto, y las estructuras híbridas se han convertido en la norma.
Sin embargo, el verdadero reto para las organizaciones ya no es dónde se trabaja, sino cómo se estructuran las operaciones, los sistemas y los datos para respaldar los resultados empresariales. Habilitar estos nuevos modelos operativos ha requerido un firme compromiso con la digitalización, basado en la promoción de herramientas colaborativas y la gestión de la información en entornos digitales. Así, las organizaciones han invertido millones de euros en modernizar sus operaciones, sus canales de relación con clientes y sus procesos internos, con el objetivo de garantizar que la colaboración digital sostenga la rentabilidad y la innovación empresarial.
Durante los primeros años, la conversación estuvo dominada por la adopción tecnológica de múltiples herramientas y proveedores para cubrir necesidades específicas. Como resultado, cada departamento ha desarrollado su propio flujo de trabajo y lenguaje, utilizando aplicaciones especializadas que no siempre se integran con el resto de la organización. Finanzas cuenta con su propio sistema, ventas opera con un CRM desconectado de marketing, y así sucesivamente. Esta fase inicial ha dado lugar a una realidad compleja, compuesta por organizaciones con fuentes de información fragmentadas, sistemas desconectados y datos dispersos que no generan valor de forma conjunta.
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Al mismo tiempo, las grandes organizaciones operan en entornos complejos y a menudo adoptan estrategias multicloud o multivendor para ganar flexibilidad o diversificar riesgos. No obstante, este enfoque también presenta inconvenientes, ya que cuantos más sistemas coexisten, más difícil resulta obtener una visión cohesiva del negocio. Esto conduce a silos de información y a decisiones basadas en datos incompletos, lo que puede traducirse en pérdidas de eficiencia e impacto en los ingresos. De hecho, según Gartner, solo el 48% de las iniciativas digitales implementadas cumple los objetivos empresariales. En este sentido, Deloitte señala una causa clara: muchas organizaciones permanecen en fases iniciales de desarrollo de sistemas avanzados debido a los desafíos de integración y a las limitaciones de las arquitecturas heredadas.
Para abordar estos retos, las organizaciones están centrando cada vez más sus esfuerzos en la integración y la unificación de datos como vía para transformar la complejidad en una ventaja competitiva. Cuando los datos están conectados, contextualizados y accesibles en toda la organización, se convierten en un activo estratégico que permite mejorar la toma de decisiones, aumentar la eficiencia operativa y generar nuevas oportunidades de crecimiento. Esto resulta especialmente relevante en el contexto de la inteligencia artificial empresarial, donde la capacidad de generar resultados significativos depende directamente de la calidad, la consistencia y la integración de los datos en los que se basa.
En este contexto, la alta dirección debe reconocer que la tecnología ya no es simplemente un área operativa, sino que se ha convertido en un pilar fundamental de la infraestructura empresarial. La interoperabilidad de los sistemas ya no es una mejora técnica, sino una estrategia de negocio, especialmente para grandes organizaciones que operan con múltiples proveedores, donde la compatibilidad resulta crítica para garantizar la escalabilidad y la resiliencia. Asimismo, la adopción de inteligencia artificial empresarial ha demostrado ser un factor impulsor de la competitividad y de la mejora de la eficiencia operativa.
Esto implica que los distintos sistemas utilizados por las diferentes áreas deben empezar a comunicarse y compartir información, generando valor a partir de ella. El objetivo no es simplemente integrar aplicaciones, sino construir un ecosistema en el que los datos fluyan con contexto y propósito.
Gracias a una visión integral, es posible alinear la estrategia con la ejecución. Las organizaciones que avanzan en esta dirección mejoran la eficiencia operativa, aceleran la toma de decisiones y optimizan la experiencia del cliente. Todo ello se logra mediante el acceso a insights que anteriormente permanecían ocultos en silos de información dispersos entre aplicaciones y departamentos. Por ejemplo, el uso de sistemas unificados permite integrar el CRM con campañas de marketing y atención al cliente para obtener una visión 360º del usuario, automatizar flujos de trabajo entre ventas y servicio al cliente, o crear paneles de analítica en tiempo real que consolidan datos financieros, comerciales y operativos en un único sistema.
Los datos sin contexto no aportan valor por sí solos. La verdadera transformación se produce cuando pueden compartirse, compararse e interpretarse. Esto es especialmente relevante en el ámbito de la inteligencia artificial empresarial, ya que su capacidad para generar valor depende directamente de la calidad, la consistencia y el contexto de los datos que consume. Sin una base de información integrada y contextualizada, los modelos de IA corren el riesgo de producir análisis incompletos, sesgados o poco útiles.
Por ello, la unificación de los datos en una fuente central, mediante la integración de sistemas, flujos de trabajo y datos de clientes, se ha convertido en una prioridad organizativa. De este modo, las empresas deben centrarse en mejorar la integración y reducir la fragmentación en sus ecosistemas tecnológicos. Apostar por sistemas unificados que centralicen diferentes áreas en un entorno común permite ofrecer experiencias consistentes y fomentar la rentabilidad. Además, en términos de seguridad, control y confianza, estas plataformas reducen las vulnerabilidades derivadas de la dependencia de múltiples aplicaciones externas, algo especialmente relevante en un contexto donde la privacidad y el cumplimiento normativo son innegociables.
Así, la primera fase de la digitalización avanzada, basada en el uso de diversas herramientas, ha dado paso al debate sobre cómo impulsar el negocio. Las empresas que logren superar esta fragmentación y comprendan que, mediante un sistema interoperable e integrado, pueden convertir los datos en su principal activo, disponible para toda la organización en tiempo real y con el contexto necesario para tomar mejores decisiones, obtendrán una ventaja significativa.
El debate sobre cómo operan las organizaciones ha evolucionado. Ya no se trata de su implementación, sino de cómo sostenerla de forma eficiente. Las empresas que consigan superar la fragmentación tecnológica y convertir sus datos en un activo conectado estarán mejor preparadas para competir en un entorno cada vez más exigente. Porque, en última instancia, la ventaja no reside en tener más herramientas, sino en hacer que todas funcionen como una sola.




