Daniela Álvarez de Lugo, Gerente General para la Región Norte de América Latina en Kaspersky. Foto: cortesía
A veces, cuando ocurre un incidente en una empresa, lo más difícil no es detenerlo, sino entenderlo. Los equipos revisan registros, intentan reconstruir lo ocurrido y responder preguntas básicas, pero descubren que no tienen cómo hacerlo. No saben cuándo empezó, por dónde entró ni qué alcanzó. No porque no tengan herramientas, sino porque nunca tuvieron una visión completa de lo que pasaba dentro.
El riesgo real no es solo el ataque, es no verlo a tiempo ni entenderlo. Cuando una empresa no tiene visibilidad sobre lo que ocurre dentro de su red, una amenaza puede avanzar sin ser detectada, comprometer sistemas críticos y convertirse en un problema operativo, financiero y reputacional. Por eso, más que acumular herramientas, el verdadero desafío es lograr una lectura clara de la operación.
El 97% de las grandes empresas, 88% de las medianas y 83% de las pequeñas ya han sufrido ataques a su red, según una investigación de Kaspersky. La cifra confirma que el riesgo es generalizado, pero también evidencia una falla más profunda. Muchas organizaciones siguen invirtiendo en seguridad sin tener claridad sobre lo que ocurre dentro de su propia infraestructura.
Durante años, la defensa digital se centró en proteger el perímetro, pero hoy ese enfoque ya no es suficiente; la operación empresarial actual se distribuye entre la nube, plataformas SaaS, usuarios remotos, dispositivos conectados y terceros. La red dejó de ser un espacio cerrado y pasó a ser un entorno en movimiento constante.
En ese contexto, entender lo que ocurre dentro se volvió más complejo y más crítico pues cuando una empresa no tiene control sobre sus accesos, conexiones y movimientos internos, una amenaza puede permanecer durante días o semanas sin ser detectada. Pero cuando aparece, el impacto ya no sólo es técnico, sino que puede implicar interrupciones operativas, pérdidas económicas, afectación a clientes y deterioro de la confianza con socios.
Lo más preocupante es que esos puntos ciegos no siempre provienen de ataques. Muchas veces están en lo cotidiano como cuentas que siguen activas sin necesidad, configuraciones deficientes, accesos remotos que quedan abiertos o tráfico que nadie analiza. Son fallas silenciosas que pueden convertirse en la forma más simple de entrar, moverse dentro del entorno y permanecer ahí sin ser detectados.
Por eso este ya no es solo un tema del área de tecnología…es un asunto de continuidad del negocio. Cuando una empresa no entiende su entorno digital, también pierde capacidad para proteger procesos clave como pagos, facturación, logística o acceso a información crítica.
Te puede interesar: procesamiento de pagos en comercios: el panorama del fraude para una ventaja competitiva
Muchas organizaciones aún no pueden responder con certeza qué pasó, cuándo empezó o qué sistemas se vieron afectados. Sin esas respuestas, la contención se retrasa y el impacto crece, y cuando no hay visibilidad suficiente, el problema no termina con el incidente, sino que puede repetirse.
Durante años, se confundió monitoreo con visibilidad. Tener herramientas no es lo mismo que entender la amenaza, y tener alertas no es lo mismo que saber qué hacer. La diferencia está en la capacidad de conectar la información y construir una lectura completa del riesgo.
Eso implica cambiar la forma en que se aborda la seguridad, porque no se trata solo de proteger lo que entra y sale, sino de entender lo que ocurre dentro. Las empresas necesitan identificar qué activos son críticos, controlar accesos y privilegios, monitorear comportamientos inusuales y correlacionar información para detectar señales antes de que se conviertan en incidentes. También es clave contar con registros que permitan reconstruir lo ocurrido y tomar decisiones con base en evidencia.
En un entorno cada vez más distribuido, los puntos ciegos van a existir. La diferencia está en cuánto tiempo pasan sin ser vistos. Porque cuando llega el momento de entender qué pasó, ya es tarde para empezar a mirar. La resiliencia empieza antes, en la capacidad de ver a tiempo lo que puede poner en riesgo la operación.




