Daniela Álvarez de Lugo, Gerente General para la Región Norte de América Latina en Kaspersky. Foto: cortesía. Portal ERP Colombia.
Durante años, la conversación sobre transformación digital se ha centrado en eficiencia, automatización y experiencia del cliente. Hoy, sin embargo, el debate comienza a girar hacia una pregunta más incómoda pero inevitable ¿hasta qué punto estamos dispuestos a sacrificar nuestra privacidad a cambio de una experiencia de compra más fluida?
La irrupción de la inteligencia artificial en el comercio electrónico promete revolucionar la manera en que descubrimos productos, comparamos precios y tomamos decisiones. Chatbots que recomiendan con precisión, asistentes virtuales que anticipan necesidades y buscadores visuales que convierten una foto en una compra en segundos. Todo suena a progreso. Pero detrás de esa comodidad se esconde una nueva superficie de riesgo que las empresas no pueden seguir subestimando.
Las cifras lo confirman. De acuerdo con el Kaspersky Security Bulletin 2025, el 14% ciento de los usuarios del sector retail enfrentó amenazas web durante el último año, el 22% estuvo expuesto a amenazas en sus propios dispositivos y el 8% de las compañías de comercio electrónico sufrió incidentes de ransomware. A esto se suman más de 6,7 millones de intentos de phishing dirigidos a compradores online, de los cuales más del 50% se enfocó directamente en tiendas digitales. No se trata de proyecciones futuras, sino de una realidad que ya impacta los ingresos, la reputación y la continuidad operativa.
En este contexto, la inteligencia artificial no solo amplifica las oportunidades de negocio, también amplifica los riesgos. Cada vez que un consumidor conversa con un asistente virtual para describir qué quiere comprar, deja una huella mucho más rica que una simple búsqueda. Habla de presupuesto, estilo de vida, hábitos y preferencias. Esa información puede ser una ventaja competitiva, pero también un punto débil si no se gestiona de manera correcta.
Para las empresas que operan con plataformas ERP y comercio digital, este cambio deja de ser solo tecnológico y se vuelve estratégico. Los asistentes de compra ya no viven únicamente dentro de la tienda online. Hoy aparecen en navegadores, en aplicaciones de mensajería y en servicios de terceros. En la práctica, una parte creciente de la experiencia del cliente ocurre fuera del control directo de la empresa, pero sigue impactando su imagen y su credibilidad.
También está cambiando la forma en que entendemos los datos. Antes, la mayor preocupación era proteger números de tarjeta o direcciones de entrega. Hoy, incluso una foto puede revelar más de lo que imaginamos y muchas las personas comparten esa información sin ser plenamente conscientes.
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Mientras las empresas ajustan sus políticas, los atacantes se mueven con mayor rapidez. El Security Bulletin de Kaspersky advierte que los picos de compras y los cambios en reglas comerciales están siendo aprovechados como gancho para campañas de fraude más profesionales. En ese escenario, la inteligencia artificial no solo ayuda a vender más, también ayuda a “engañar” mejor.
Por eso, la discusión ya no puede quedarse solo en la adopción tecnológica. Para el ecosistema empresarial la conversación tiene que moverse hacia algo más práctico. ¿Cómo se protege realmente el negocio en este nuevo escenario? Y la respuesta no pasa por una sola herramienta, sino por una forma distinta de gestionar la seguridad y los datos.
Hoy la protección empieza por asumir que la información del cliente es parte central del modelo de negocio, lo que implica revisar cómo se recogen los datos, quién tiene acceso a ellos y durante cuánto tiempo se conservan. También implica incorporar la seguridad desde el diseño de nuevas experiencias digitales, no como un parche posterior cuando ya hay un problema.
Otro cambio clave está en la forma de operar. Las empresas necesitan dejar de pensar la ciberseguridad como un tema exclusivo del área de TI. Ventas, marketing, atención al cliente y dirección deben entender que cada punto de contacto con el usuario también es un punto de exposición. Cuando un chatbot se implementa sin criterios claros de protección de datos, o cuando una integración externa se hace sin evaluar riesgos, la empresa entera queda expuesta, no solo el sistema.
En la práctica, protegerse hoy significa invertir en visibilidad. Saber qué aplicaciones están conectadas, qué información comparten y con quién. Significa capacitar a los equipos para reconocer señales de fraude, no solo a nivel técnico, sino también en la interacción diaria con clientes y proveedores. Y significa contar con aliados tecnológicos que ayuden a anticipar amenazas, no solo a reaccionar cuando el daño ya está hecho. Las compañías que entiendan esto a tiempo no solo reducirán incidentes, sino que empezarán a construir una ventaja competitiva difícil de copiar.
De cara a 2026, el desafío no será usar más inteligencia artificial, sino usarla mejor. No se trata de correr detrás de cada novedad, sino de integrar innovación con criterio, automatización con control y experiencia digital con protección real. Porque cada dato que una empresa recoge es, en el fondo, una promesa de cuidado. Y en un mercado donde casi todos pueden ofrecer tecnología avanzada, la verdadera diferencia estará en quién es capaz de hacerlo sin poner en juego la confianza de sus clientes.




