La economía colombiana creció 2,6% en 2025, sin embargo, el frente minero- energético mostró señales de presión: la explotación de minas y canteras cayó 6,2%, mientras la extracción de petróleo crudo y gas natural y sus actividades de apoyo retrocedió 4,3%. En ese contexto, el sector enfrenta un escenario más exigente, marcado por la presión sobre los costos, la necesidad de modernizar infraestructura y la urgencia de operar con mayor precisión.
A esa presión se suma una demanda que seguirá creciendo. La UPME proyecta que, entre 2024 y 2038, la demanda de energía en Colombia podría aumentar a un ritmo promedio anual de entre 1,3% y 3,09%. Bajo este panorama, los datos toman valor estratégico como una palanca para mejorar decisiones, anticipar fallas y optimizar la operación.
De acuerdo con, Rafael Alberto Raimondi Inquintanelli, director ejecutivo de Bluetab en Colombia, si bien la digitalización del sector puede reducir costos operativos hasta en 30%, la clave está en convertir grandes volúmenes de información en decisiones más rápidas y precisas sobre operación, mantenimiento, activos y continuidad, especialmente en entornos de alta complejidad.
Acelerar esa integración exige más que nueva infraestructura. También requiere coordinar múltiples fuentes de generación, gestionar su variabilidad y tomar decisiones en tiempo real. En ese proceso, los datos y la inteligencia artificial pueden ayudar a ganar velocidad, mejorar la trazabilidad de la operación, optimizar activos y facilitar una integración más eficiente de las distintas fuentes de energía al sistema.
Bluetab identifica como retos prioritarios la automatización, el monitoreo en tiempo real, la gestión predictiva de activos, la ciberseguridad y la administración de grandes volúmenes de datos provenientes de sensores y medidores. También advierte sobre la necesidad de arquitecturas robustas de almacenamiento y procesamiento, así como nuevas capacidades técnicas dentro de las organizaciones.
A esto se suma una hoja de ruta pública más exigente. Colombia mantiene el compromiso de reducir en 51% sus emisiones de gases de efecto invernadero a 2030 y avanzar hacia la carbono neutralidad en 2050. Además, el Gobierno se ha trazado la meta de cerrar su periodo con una matriz en la que al menos el 20% de la energía generada sea limpia. Cumplir estos objetivos exige medir mejor, integrar más información y acelerar decisiones en un sistema cada vez más complejo.
“Hoy el reto del sector minero- energético no es solo incorporar más tecnología, sino conseguir que los datos mejoran la velocidad y la calidad de las decisiones. En una industria intensiva en infraestructura, activos y costos operativos, esa capacidad puede traducirse en una operación más eficiente, más predecible y con mayor capacidad de respuesta”, señala, Raimondi.
En un entorno de costos altos, presión sobre la competitividad y metas cada vez más ambiciosas en eficiencia y sostenibilidad, el uso inteligente de los datos empieza a consolidarse como una ventaja estratégica para el sector minero - energético colombiano. Más que una apuesta tecnológica, se perfila como una decisión de negocio y una condición cada vez más relevante para acompañar la transición del país.




