La identidad digital es una tarea cada vez más compleja para los ciudadanos. La explosiva digitalización de la vida cotidiana en Chile trae consigo innumerables beneficios, pero también un creciente número de amenazas en el ciberespacio. El uso masivo de plataformas digitales y redes sociales implica el intercambio de información sensible, una práctica que se vuelve progresivamente más peligrosa.
Chile se destaca globalmente por su alta penetración de Internet y el uso intensivo de tecnologías digitales para trámites. Sin embargo, este alto nivel de conectividad, paradójicamente, lo convierte en un blanco atractivo para ciberdelincuentes. La identidad digital, que abarca desde sus credenciales de acceso, información personal y financiera, hasta su historial de navegación, es un activo valioso en el mercado negro para activar malware, phishing y ransomware.
“Uno de los pilares de esta vulnerabilidad reside en la escasa conciencia de los riesgos. Muchos usuarios chilenos aún subestiman la importancia de proteger su información en línea. Se asume que la responsabilidad recae únicamente en las instituciones bancarias o grandes empresas de tecnología, ignorando el rol crítico que juega la propia conducta del usuario”, menciona Jimmy Ulloa, CyberSecurity Architect Andina de Coasin Logicalis.
Los ciudadanos interactúan y se autentican diariamente en una variedad de plataformas y aplicaciones (bancos, AFP, redes sociales, sistemas de salud, entre otros), las cuales registran y almacenan datos sensibles como el RUT, domicilio, correo electrónico y contacto.
“Es importante que las personas tomen conciencia de los riesgos que existen al compartir información personal. Y no es una recomendación menor, ya que los sistemas a los que accedemos y conectamos usan inteligencia artificial para entrenarse constantemente. Con la promesa de un servicio ágil y simple, están alojando la información de las personas”, recalca Ulloa.
Frente a este escenario, surgen nuevas formas de fortalecer la seguridad digital. Muchas aplicaciones ya usan biometría como el reconocimiento facial para autenticar a sus usuarios. Sin embargo, esto aún no es un estándar en Chile. “El país avanza en la dirección correcta con la doble autenticación, pero sigue pendiente una mejor integración entre los sistemas”, afirma Ulloa.
A continuación, presentamos algunas recomendaciones para combatir los hábitos digitales perjudiciales:
Contraseñas débiles. Es común el uso de claves sencillas, predecibles o la reutilización de la misma para múltiples servicios (email, banco, redes sociales), lo que facilita enormemente los ataques de "relleno de credenciales" (credential stuffing).
No ignorar la autenticación multifactor (MFA). A pesar de ser una de las medidas de seguridad más efectivas, su implementación sigue siendo baja entre el público general.
Higiene de dispositivos. Aunque muchas acciones son automáticas, es importante tomar conciencia. No mantener el software actualizado, descargar aplicaciones de fuentes no oficiales o conectarse a redes Wi-Fi públicas sin una VPN, son prácticas habituales que abren puertas a hackers.
Ingenuidad. Muchos usuarios aún caen en estafas de phishing bien elaboradas, haciendo clic en enlaces maliciosos o entregando datos sensibles a través de correos electrónicos o mensajes de texto fraudulentos que simulan ser instituciones legítimas.
Consecuencias reales. No es una amenaza abstracta. Los riesgos de no cuidar la identidad digital pueden impactar directamente en la vida de las personas en pérdidas económicas con fraudes bancarios, compras no autorizadas o el secuestro de cuentas y archivos personales; daño reputacional, ya que la suplantación lleva a cometer delitos o a la difusión de información privada y vergonzosa; y problemas legales puesto que el uso de la identidad robada permite solicitar créditos o cometer ilícitos, dejando al titular con las consecuencias legales y financieras.
“Para mitigar este riesgo, es imperativo un esfuerzo coordinado que combine la responsabilidad individual con políticas públicas y privadas de ciberseguridad. La educación digital, enfocada en la concientización de riesgos y en la enseñanza de una ciber higiene robusta, es la herramienta más poderosa para proteger la identidad digital de los ciudadanos chilenos. Mientras persista la baja conciencia y la mala higiene digital, el riesgo para la identidad en línea seguirá siendo alto y creciente”, concluye Ulloa.




