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La nueva Ley de Protección de Datos: el desafío empresarial que Chile no puede postergar

Chile está avanzando en la digitalización de su economía, pero el éxito de esa transformación depende de un factor crítico: la confianza

Adriana Prieto
10 jun 2026
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5 min de lectura
La nueva Ley de Protección de Datos: el desafío empresarial que Chile no puede postergar

Más que un atributo reputacional, la confianza es el motor que permite que los datos circulen, que los usuarios adopten nuevos servicios y que la innovación prospere. Cuando se pierde, aumentan los riesgos, las exigencias regulatorias y los costos para las organizaciones. Por eso, en la nueva economía digital, proteger la información se ha convertido en una ventaja competitiva tan importante como la tecnología misma.

De acuerdo con la firma internacional CMS, experta en asuntos legales y regulatorios, la nueva Ley de Protección de Datos Personales de Chile (Ley 21.719), que entra en vigor a partir del 1 de diciembre del 2026 y la creación de una Agencia especializada, el país eleva los estándares y ya no bastará con ‘cumplir en el papel’, se exige que las organizaciones puedan demostrar cómo gestionan los datos, mantener trazabilidad sobre su uso y contar con mecanismos de control efectivos.

Esto cambia el enfoque empresarial: la privacidad deja de ser un requisito regulatorio más y pasa a convertirse en un componente estratégico, tan relevante como la continuidad operativa o la ciberseguridad.

Pero reducir esta discusión a un asunto de cumplimiento sería un error. El verdadero interrogante para los líderes empresariales no es cómo evitar una multa, sino cómo construir organizaciones capaces de generar confianza en una economía donde los datos se han convertido en uno de los activos más valiosos del negocio.

Tal como lo advierte Luz María García, gerente general de la Asociación Chilena de Empresas de Tecnologías de Información (ACTI A.G.), se ha insistido en que, sin estándares tangibles de gobernanza, seguridad y responsabilidad, la digitalización expone a personas y organizaciones a riesgos crecientes y sofisticados. “Hemos planteado que la calidad de los datos y la ciberresiliencia deben ser pilares de una agenda digital de Estado de largo plazo. Sin esa base, la IA se adopta con más riesgo hoy. La razón es económica: donde hay datos confiables y sistemas resilientes, se habilita interoperabilidad, se reducen fricciones y se acelera productividad; donde no, el costo se paga en incidentes, sanciones y pérdida de competitividad”, afirma la ejecutiva.

El fin de la improvisación digital

La transformación digital aceleró la captura y el uso de información en prácticamente todas las industrias. Hoy las empresas almacenan datos de clientes, trabajadores, proveedores y socios comerciales en ERP, CRM, plataformas cloud, aplicaciones móviles y sistemas de inteligencia artificial. Sin embargo, muchas organizaciones crecieron digitalmente sin desarrollar una estrategia clara de gobernanza de datos.

ACTI ha advertido que la nueva normativa representa uno de los mayores desafíos para la economía digital chilena y que las empresas deberán equilibrar innovación, cumplimiento y sostenibilidad operativa para adaptarse exitosamente.

El reto para las empresas va mucho más allá del cumplimiento normativo. Implica tener control sobre cómo se recopilan, utilizan y protegen los datos, además de garantizar una gestión adecuada de terceros y posibles incidentes. Pero, sobre todo, exige que líderes y directivos incorporen la privacidad como una prioridad estratégica, vinculada directamente a la gestión de riesgos y a la confianza del negocio.

Los datos como un tema de negocio

Las compañías tecnológicas llevan años insistiendo en darle la relevancia que merece a los datos, como el activo más valioso del negocio, y para nadie es un secreto que también están impulsado una visión donde la calidad, trazabilidad y centralización de la información son elementos fundamentales para la gestión empresarial moderna.

No es casualidad que los ERP se hayan convertido en piezas clave de la transformación digital. Más allá de administrar finanzas, inventarios o recursos humanos, estas plataformas permiten construir una única fuente de verdad para toda la organización. Y eso adquiere una relevancia aún mayor cuando hablamos de privacidad y protección de datos.

Porque ninguna estrategia de inteligencia artificial, automatización o analítica avanzada puede ser exitosa si la información que la alimenta no es confiable, segura y gobernada.

La inteligencia artificial eleva el desafío

La irrupción de la IA añade una nueva capa de complejidad. Hoy las organizaciones utilizan inteligencia artificial para automatizar procesos, generar contenido, analizar clientes, proyectar demanda y apoyar decisiones de negocio. Pero cuanto más inteligentes se vuelven los sistemas, mayor es la responsabilidad sobre los datos que utilizan. De hecho, la nueva legislación chilena incorpora elementos relacionados con decisiones automatizadas y fortalece los derechos de las personas sobre el uso de su información.

Al mismo tiempo, comienza a crecer otro fenómeno que preocupa a las áreas de tecnología: el llamado Shadow AI, donde los colaboradores utilizan herramientas de inteligencia artificial sin conocimiento ni control de la organización, lo que convierte la protección de datos en un tema inseparable de la gobernanza tecnológica.

El reto también es cultural

La tecnología por sí sola no resolverá este problema. La Cámara de Comercio de Santiago ha señalado que la nueva ley obliga a revisar procesos que atraviesan prácticamente todas las áreas de la empresa, desde marketing hasta recursos humanos. Eso significa que la adaptación no dependerá únicamente del CIO o del CISO.

Los directivos deberán involucrarse. Los líderes de negocio deberán entender qué información manejan y para qué la utilizan. Los colaboradores deberán incorporar nuevas prácticas de gestión de datos. Y las organizaciones tendrán que construir una cultura donde la privacidad sea parte natural de la operación.

La tarea es fortalecer la confianza

Existe una tendencia a ver esta ley como una carga regulatoria adicional. Sin embargo, las organizaciones más avanzadas probablemente la interpretarán de otra manera.

En una economía cada vez más digital, donde la inteligencia artificial, el comercio electrónico y los servicios en línea seguirán creciendo, la confianza se convertirá en un diferenciador competitivo.

Chile tiene la oportunidad de convertir la protección de datos en un habilitador de crecimiento. Para ello, las empresas deberán asumir la confianza como un activo estratégico, fortaleciendo la transparencia, la gobernanza y la gestión responsable de la información. El momento de actuar es ahora: avanzar con planes concretos y una visión colaborativa entre sector privado, academia y Estado permitirá que la nueva ley impulse más innovación, competitividad y desarrollo digital para el país”, concluye Luz Marina García.

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Adriana Prieto
Adriana PrietoColumnista

Periodista · Portal ERP

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